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domingo, 12 de agosto de 2012

Capítulo 43.

~ Nerea ~
Leo cada palabra, despacio, muy despacio, como si mi cerebro estuviera reacio a comprender lo que está pasando. Tengo que releer la conversación un par de veces más. La foto sigue en mi cabeza, ese chico rubio, de ojos entrecerrados a causa del alcohol, con su nariz, algo grande comparada con la mía, y su boca, entreabierta, con sus labios juntos a los de esa chica, pero se puede ver un leve destello del trozo de metal que recubre sus dientes. Todos los rasgos, todos los detalles, todo afirma que es él, Niall. 
Siento un nudo en el estómago, que crece hasta alojarse en la garganta, pero no siento las lágrimas en mis ojos, ni siquiera siento rabia, o tristeza, solo tengo ganas de escapar. 
Me levanto rápida y torpemente de la silla, y corro por la casa hasta la salida, sin dar ninguna explicación a Lorena. 
Cierro la puerta sin una pizca de delicadeza. Empiezo a andar, cada vez más y más rápido, hasta estar corriendo por las calles, sintiendo el aire fresco de la tarde en la cara, haciendo que los mechones sueltos de la coleta vuelen hacia atrás. No quiero pensar, no me siento con fuerzas para hacerlo, para pararme a asimilarlo todo, así que corro, dejando que el ruido de la calle llene mi cabeza. 

Noto que mis piernas ceden, me obligan a parar. El corazón me martillea en el pecho, la sangre me late en los oídos, y el aire sale y entra de mi a trompicones. Las piernas me tiemblan, débiles por la carrera. Un dolor se aloja en mi costado, y aprieto mi mano para aliviarlo, en vano. Sigo oyendo el ruido del tráfico en mi cabeza. Tras unos largos minutos, me incorporo, despacio. Noto que el suelo se tambalea ligeramente bajo mis pies, y me entran unas terribles náuseas que logro reprimir a la vez que consigo equilibrarme. Miro al frente, dándole la espalda a la carretera. Es el edificio de Dan, reconozco a los minutos, mi cabeza sigue aturdida.
Llamo al portero.
- ¿Sí?
- ¿Dan?
- Si, ¿quién eres?
- Soy Nerea, ¿puedo hablar contigo? - un nudo se aloja en mi garganta.
- Claro Ne. - responde con seriedad.

Bebo el vaso de agua con ansia. Cuando lo acabo, el vierte más, sin decir nada, sin cruzar una mirada. Me lo bebo igual de rápido que el otro.
- No quiero más, gracias - me apresuro a decir cuando veo sus intenciones.
- ¿Y bien? - sonríe - ¿De qué querías hablar?
Cojo un mechón de pelo suelto y empiezo a enrollarlo en mi dedo. Le miro a la cara, a sus ojos que escondidos tras esas grandes gafas de pasta que, raramente, le sientan terriblemente bien. Me da seguridad, pero no le quiero involucrar en mis estúpidos problemas de instituto. Decido que solo contaré la parte de Niall, tampoco sabiendo si será demasiado acertado.
- Es sobre - carraspeo, intentado disuadir el estúpido nudo que bloquea mis palabras - sobre Niall. 
Pronunciar su nombre me produce un tremendo pinchazo en el pecho. Un torbellino de emociones, momentos, sentimientos, olores, sensaciones, se apoderan de mi cabeza, haciéndola girar, haciendo que la tranquila calma se desvanezca y de paso a la tormenta. Casi sin darme cuenta, las lágrimas escapan a mis ojos. Me tapo la cara. Noto una fuerte presión, que me impide moverme, pero me escondo en lo que, supongo, es el pecho de Dan, dejando que sus brazos me aprieten, me protejan. Por un momento, mi mente se confunde, y siento que los brazos que me abrazan son los de Niall, e incluso puedo sentir ese olor suyo que entra por mi nariz, haciéndome estremecer, todo fruto de mi cerebro anhelante.
Me aparta suavemente de él, me retira las manos de la cara, secándome las lágrimas que caen con sus finos dedos, y me coge por la barbilla alzando mi cabeza.
- Tranquila Ne - me susurra, arrancándome una imperceptible sonrisa - ahora, ¿me cuentas que ha pasado? - lo dice lento, con suavidad, con una calidez reconfortante.
Asiento, me limpio las últimas lágrimas que han quedado en mis pestañas y respiro hondo, sorbiendo por la nariz.
- El sábado por la mañana estuvimos hablando, todo iba bien, me dijo que me quería ver, que me necesitaba, que necesitaba unas vacaciones. Pero, esa misma noche salió, y, se emborrachó. - las palabras salen con dificultad de mi garganta - Lorena vio una foto, una chica besando a un chico que parece ser él. Le preguntó a Harry que si sabía algo. Harry habló con Niall. - la garganta me quema cada vez que trago saliva, está seca -  Niall no se acuerda de nada. No sabe si eso pasó o no. No sabe si me engañó o no.
Mi voz se desvanece al final de la frase. La garganta me sigue molestando y me llevo la mano a ella. Dan me sirve más agua en el vaso. Yo lo agarro, y es entonces cuando me doy cuenta de que tiemblo, el vaso se mueve por el temblor de mis manos. Bebo un poco de agua y lo vuelvo a depositar con cuidado en la mesa. Dan coge mis manos temblorosas, haciendo que vuelvan a la normalidad.
- Tienes que hablar con él.
- No puedo hablar con él, tengo, miedo.
- ¿Miedo?
- A que me diga que si, que si pasó, a que me diga que ya no siente lo mismo, a que todo se acabe por una idiotez.
- Ne, él te quiere, te quiere mucho.
- No puedes saberlo, no le conoces, nunca has hablado con él.
- Lo intuyo.
- Es una mera intuición. 
- ¿Tú le quieres?
- Muchísimo.
- Pues entonces, debes hablar con él.
- No, no lo haré.
- Si lo harás, tarde o temprano lo harás.
- Prefiero tarde.
- Cuando quieras, pero debes hacerlo.
Me acaricia las palmas de las manos, casi apenas las roza, pero me estremezco, es una sensación demasiado agradable como para apartar las manos.
- Dan.
- ¿Si?
- Gracias - le susurro al oído, mientras lo abrazo. Y todo parece desvanecerse, esfumarse, cuando sus brazos se juntan en mi espalda y su calurosa respiración cae sobre mi cuello.

~ Zayn Malik ~
Miro la fotografía, sonrío. Mi dedo se desliza por su cara. 'Te echo de menos, princesa'. Cierro los ojos. La veo, con los grandes ojos, mirándome seductores. Se muerde el labio. Se inclina de puntillas y roza mis labios, suavemente. Agarro su cadera y la acerco a mi. Busco sus labios que quieren retirarse, pero los retengo. Nuestros labios se enlazan, en un beso. Noto las frías manos de Clea, introduciéndose por mi camiseta, acariciando mi espalda. Me estremezco. 'Te quiero'. Sus cálidas palabras se cuelan por mi oído. Abro los ojos, despacio. Mi boca está entreabierta, saboreando el aire de la habitación. La cierro, decepcionado.
Un sonido me saca de aquella extraña imagen. Me levanto y lo cojo. Un mensaje. Lo abro y lo leo. Mis ojos y mi boca se vuelven a abrir ampliamente. El móvil se escurre de mis dedos y cae al suelo, impactando con un sonido sordo, rompiéndose la pantalla en el acto. 
Pero el móvil no importa ahora. A la mierda el jodido móvil. Lo que importa ahora, es el jodido mensaje que había en él. El que puede destruir todo aquello que me importa en este momento.
 

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