~Nerea~
Salgo de clase. Agarro fuerte la carpeta. Me tiemblan las manos y trato de ocultarlo, recogiéndome ansiosa el pelo. Oigo las voces. El ruido de estudiantes riendo, charlando, saliendo y entrando. Miro directamente al suelo y al frente, queriendo evitar encontrar miradas. Noto el corazón latiendo fuerte dentro de mi pecho, así que empiezo a acelerar.
Salgo por la puerta principal, que está atestada de adolescentes, que empujan y pisan sin conciencia alguna. Logro salir. Suspiro, tragando aire nuevo, llenando los pulmones.
Unos dedos dan golpecitos ansioso en mi hombro. Me giro lentamente.
Unos ojos verdes, escondidos tras unos enormes cristales algo sucios. Una sonrisa amable, encantadora. Dejo que mi cuerpo se relaje al instante de verlo, su cara conocida. Un sentimiento de vacío me destroza el estómago.
- ¿Qué tal? - pregunta sonriente.
- Bien - le devuelvo la sonrisa.
Y sin mediar alguna palabra más, echamos a andar.
~Clea~
Noto como me quema la piel de las mejillas, de todo el cuerpo. Imagino que debo estar de un tono rojizo, llena de rabia, con humo saliendo de mi cabeza rubia. Pero nada de eso me importa. Sonrío un segundo, antes de gritar y enganchar el pelirrojo pelo de la otra chica entre mis manos, que golpean con fuerza a todas partes, arrancan y se llevan mechones pelirrojos enganchados.
Ella tarda un segundo en reaccionar, pero lo hace, me agarra del pelo, tirando para todos lados, da patadas al aire, de las cuales, algunas me alcanzan, pero el odio es tal, que no me hacen daño alguno.
Oigo mi voz, como si fuera la de otra persona, gritar todo tipo de palabrotas existentes en el mundo.
Pero entonces. Algo me aprieta fuerte, tan fuerte que me paraliza el cuerpo, apartándome de la chica herida, ya exhausta por lanzar ataques que no causan efecto alguno.
Pataleo, agito la cabeza, y tiro puñetazos que impactan en los brazos de Zayn.
- ¡Suéltame Zayn! ¡Qué la mato! ¡Yo mato a esa zorra! ¡La mato!
Noto un leve aliento cálido en el oído, su voz que susurra, 'tranquila Clea, por favor, hazlo por mi, por favor, tranquilizate, se que eres mejor que ella, no te rebajes a su nivel, por favor'. Suplica y miedo se juntan en esa voz apenas audible. Noto que el cuerpo pierde todas sus fuerza, que los arañazos empiezan a escocer, la cabeza a picar allí donde ha sido magullada, y en la piel empiezan a notarse los moretones donde ha impactado un golpe. Toda la rabia se va, deprisa, evaporándose, dejándome helada por el aire frío que se cuela por la puerta abierta. Me estremezco. Zayn me deja en el suelo y me aprieta contra él, prestándome calor corporal, apaciguando mi furia, tranquilizándome.
Noto las ganas de llorar ascendiendo por mi garganta, las lágrimas aprisionadas en los ojos. Cierro fuerte los puños, aprieto los dientes, y me obligo a no llorar.
- ¿Puedes hablar? - sus ojos están llenos de esperanza.
- Claro, pero, no me sueltes la mano, por favor.
Sonríe a modo de respuesta y me aprieta la mano.
~Lorena~
Ensayan I wish. Sus voces suenan tan compenetradas, con tanta melodía, tan, tan, increíbles juntas, que parece irreal.
Suena la melodía de un móvil. Harry saca su móvil del bolsillo derecho de su pantalón blanco. Lo coge y lee el mensaje. Su cara va cambiando poco a poco mientras lee, va intensificando su preocupación, hasta que lo apaga y lo vuelve a meter en su bolsillo, donde se acopla perfectamente.
Los demás se acercan. Murmuran entre ellos. No logro enterarme de lo que dicen, pero cuando estoy a punto de preguntar, Harry se encuentra delante mio, con sus ojos verdes grisáceos mirándome fijamente, preocupado.
- ¿Que ha pasado?
- Clea. Se ha liado a puñetazo limpio con Ali, Zayn dice que quizás llegue más tarde.
- ¿Pero qué? ¿Clea está bien? ¡Oh dios!
- Sí, ella está bien, Zayn la está intentando tranquilizar.
- No, Clea es demasiado impulsiva, si odia tanto a Ali, puede no darse cuenta de lo que hace.
- ¿Quieres ir a verla?
- Por favor.
Asiente con la cabeza. Se retira hasta los chicos que bajan del escenario. Explica rápidamente que me va a llevar a Clea, y en medio segundo le tengo agarrando mi hombro, fuerte, intentando, ¿tranquilizarme? No sé, pero no me importa, me reconforta.
~Nerea~
Llego a casa. Dan me abraza, cruzamos un 'hasta luego' y se va, como todos los días desde hace unos meses.
Llego a casa, en la que, como es normal, están mi madre y mi hermano pequeño.
- Hola mamá, enano - le digo mientras revuelvo su pelo oscuro.
Mi madre sale de la cocina, me da un beso en la mejilla, y deja el plato de pasta caliente en la mesa.
Voy a mi cuarto, suelo la mochila, me pongo algo más cómodo y vuelvo al salón, dónde el pequeño protesta porque no quiere hacer las tareas.
- ¿Qué tal te ha ido cielo? - pregunta mi madre mientras se estira en el sofá.
- Bien, cómo siempre.
Mi madre suelta un 'me alegro' y fija su atención en la televisión. Yo como, sin demasiadas ganas. Lo termino todo, me tomo la pieza de fruta y recojo la mesa.
Mi madre duerme, mi hermano está haciendo tareas, así que me dirijo a mi cuarto, contenta de poder evadirme un rato.
Paso las fotografías, una a una, despacio, fijándome en cada detalle, mientras los ojos se me humedecen, amenazando con soltar alguna que otra lágrima. Mis dedos recorren el azul pelo de él, su sonrisa con casi imperceptibles brackets, yo, apoyada en su hombro, queriéndome esconder mientras río, el collar en su cuello. Me llevo la mano al cuello, al hueco entre las clavículas, pero no hay nada. Palpo por todo el cuello. Nada. Empiezo a buscar por toda la habitación, desesperada, pero tampoco hay nada.
Entonces algo cruza mi cabeza. Dan y yo hace unas horas, paseando por el parque, pisando las hojas secas, él, agarrándome los hombros, sacudiéndolos fuerte, y luego, sentir el cuello desnudo, sin nada, como si faltara algo.
Se me encoge el estómago. Busco el móvil y llamo.
- Hola Ne - dice alegre al otro lado de la línea.
- Dan, he perdido el collar del trébol.
- ¿Has buscado bien?
- Sí, estoy segura de que se me ha caído en el parque, joder, tengo que encontrarlo antes de que lo puedan coger.
- Tranquila, nos vemos en el parque en ¿quince minutos?
- Vale, gracias.
- De nada.
Y cuelga. Me cojo la chaqueta, vuelvo a ponerme las botas y salgo a toda prisa de casa.
Llego al parque y lo veo sentado en un banco. El cielo está gris, cerrado, amenazando con descargar agua sobre la ciudad. Me meto más en mi chaqueta y corro hacia él, que ya se pone en pie.
Lo abrazo.
- Gracias por ayudar, en serio, eres el mejor.
- Primero busquemos, luego me lo agradeces, ¿vale?
Asiento. Decidimos buscar cada uno por una parte del parque y me voy a rastrear a la acera de enfrente, por la que he llegado.
Termino de mirar debajo de un banco, de retirar todas y cada una de las hojas ya caídas y amontonadas a todos lados. Es el último sitio que quedaba, y no hay nada. El cielo se ha oscurecido, está aún más cerrado, y la noche la empieza a hacerse patente. Y tras tres jodidas horas revisando el ridículo parque no ha aparecido nada. Me llevo las manos a la cabeza, mientras intento que las lágrimas de impotencia no lleguen a salir de mis ojos. Grito, grito muy fuerte, rasgándome la garganta. Los brazos de dan me agarran por detrás, y me tapan la boca. Cuando una gota de lluvia impacta en mi mano. Y tras esa, empiezan a caer todas, con fuerza, con intensidad. Pero me da igual estar bajo la lluvia, mojándome, calándome hasta los huesos.
Me doy la vuelta y veo a Dan, que alza una cadena que brilla, con un trébol de plata en su centro. Noto que las lágrimas escapan a mis ojos, empapando un poco más mi rostro. No me importa llorar, porque esas lágrimas son de felicidad, porque la lluvia las borra, porque tengo que sacarlo todo, liberarme de todo.
Le miro, directamente a los ojos. Noto su cara más cerca de la mía, su respiración calentando mi nariz, y de repente, el roce de sus labios contra los míos, el sabor a lluvia en mi boca, mezclado con el salado sabor de mis lágrimas. Enredo mis brazos en su cuello, y me dejo llevar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario