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sábado, 15 de septiembre de 2012

Capítulo 50.


~ Lorena ~
Estoy sentada junto a un señor mayor, con unas grandes gafas antiguas, que hacen que sus ojos se vean terriblemente inmensos tras los gruesos cristales. Su boca se mueve mientras lee la página del periódico, ensimismado, sin darse cuenta de que lo observo. Tengo las piernas cruzadas, y mis dedos tamborilean sobre la piel desnuda de mis muslos. Llevo un vestido de un tono coral, de manga corta ancha, con un bonito escote; se aprieta en la cintura con un cinturón fino trenzado de color marrón chocolate y cae suelto hasta la mitad del muslo. El pelo me cae en una trenza sobre el hombro.
- ¿Por qué te has arreglado tanto? - miro hacia arriba y veo a Clea.
Ella viste unos pantalones cortos vaqueros con hilachos sueltos, los bolsillos sobre salen de ellos, con un estampado de calaveras oscuras. Lleva una camiseta blanca ancha, de tirante ancho y sin escote alguno, con un rayo en plateado en todo su centro.
- Me apetecía ponerme un vestido, solo eso.
- ¿Y también te apetecía ir a la peluquería para que te hicieran un extraordinario peinado que combinara con tu increíble maquillaje? - me sonrojo- ¿Me lo cuentas o te lo saco ala fuerza?
- Harry viene a recogernos al aeropuerto. - digo con una débil voz.
- Zayn también – sonríe ampliamente.
En ese momento avisan de que nuestro vuelo saldrá en unos minutos, cogemos las maletas y todo lo correspondiente y nos vamos hacia el avión, rumbo a Londres.

~ Nerea ~
Me despierto. El pulso está acelerado, muy acelerado. Tengo todo el cuerpo empapado en sudor, pero estamos en otoño, la temperatura exterior es fría. Me duelen las palmas de las manos y al inspeccionarlas me doy cuenta de que se me han quedado engarrotadas por haber estado tanto tiempo con los puños apretados. Me incorporo lentamente, y suelto el aire retenido. Empiezo a respirar trabajosamente, mi mente aún sigue en la pesadilla. Me llevo la mano al pecho, y noto que mi corazón está acelerado, el miedo aún sigue en mi cuerpo. Muevo la cabeza, pero lo único que consigo es marearme. Me levanto de la cama y, a trompicones llego al baño. Me echo agua fría en la cara. Me miro al espejo. Tengo la cara terriblemente pálida, y se nota el miedo aún latente en mi cuerpo. También hay unas pequeñas ojeras bajo mis ojos, de cansancio.
Vuelvo a la cama y me siento, con la espalda apoyada en el cojín.
Mañana hay instituto, y son las cuatro de la mañana. Mi mente se bloquea en la palabra instituto, y mi cuerpo empieza a temblar ligeramente.
Me agarro los codos, como si quisiera abrazarme a mi misma.
‘Tranquila’ susurra mi cabeza ‘no va a pasar nada, no pueden contigo, eres fuerte, no pueden hundirte’.
Pero no sirve, mi cuerpo sigue temblando. Nada sirve para sofocar el miedo al tener que enfrentarme un día más a insultos, a miradas de asco, a pintadas en las paredes. Me miro la pierna, un moratón reluce a la altura del muslo. Enfrentarme a empujones.
Me tumbo en la cama, de cara a los posters de la pared. Cierro los ojos, y mi mente empieza a recordar aquel día en que los conocí. Poco a poco, dejo de temblar, mi pulso vuelve a la normalidad, y vuelvo a sentir el frío del otoño pegado a mi piel, mientras una sonrisa se pinta en mi cara, y el sueño se hace dueño de mi cuerpo.

~ Harry Styles ~
Conduzco rápido, me gusta la rapidez, me gusta el sentimiento de libertad. Oigo los pitidos del claxon de algún que otro coche, algún que otro insulto, pero sigo a mi velocidad, cambiando de carril para adelantar, acelerando en semáforos que amenazan con ponerse en rojo.
- ¡Estúpido que nos vas a matar!
- Tranquilízate, conduzco a menudo, y mírame, sigo vivo.
- Eso es lo que me extraña.
Aminoro la velocidad, y Zayn se relaja, su tensión desaparece ligeramente y vuelve a mirar por la ventanilla, aflojando la mano que agarra la puerta. Pero entonces pego otro acelerón para escapar a un semáforo y freno de pronto ante un paso de peatones antes de arrollar a una mujer que pasa presurosa, enviándome una mirada de odio a través del cristal de sus gafas.
- ¡Gilipollas! - grita Zayn mientras se recoloca en el asiento, al parecer había salido disparado al frente en el frenazo.
Sonrío mirando aún al frente, giro a la derecha y hago otro giro brusco para aparcar el coche.
Miro a Zayn, que clava sus ojos llenos de furia en mi, yo me encojo de hombros y sonrío.
- ¡Hemos llegado!
- Haré que te retiren el permiso maldito Styles del demonio.
Me río y salgo del coche. Me estiro y doy una bocanada de aire que inunda mis pulmones.
Cierro la puerta del coche, y, sin esperar a Zayn, empiezo a andar hacia el aeropuerto.
Hace un buen día para estar a mediados de otoño. Cojo la chaqueta y escondo la cara en ella para que el aire frío no me de en la cara. Hace mucho aire, pero el sol brilla en el cielo, aunque no aporta ni una chispa de calor.
Llego al aeropuerto, por suerte no hay demasiada gente, y la chaqueta me cubre la cara, las gafas de sol no dejan ver mis ojos y me he recogido el pelo, y puesto una gran gorra, que hace que parezca que mi pelo es corto. Una mano se apoya en mi hombro, y me doy la vuelta lentamente, con miedo a que alguien me haya reconocido.
Veo a Zayn, también intentando ocultar la cara como puede, y suspiro aliviado.
- ¿A que hora llegaba el vuelo?
Miro el reloj, distraídamente.
- A las nueve, son las nueve menos cinco.
Me encojo de hombros y empiezo a andar hacia el fondo del aeropuerto. Llego a las sillas y me siento, comprobando el reloj.
Una voz masculina algo chillona, anuncia que un vuelo va a aterrizar, me levanto corriendo de la silla y busco a Zayn con la mirada, pero no lo encuentro y sin él me voy a recibir a las chicas, a Lorena.

~ Lorena ~
El avión aterriza. El vuelo se me ha hecho eterno, no podía conciliar el sueño, y tampoco podía concentrarme en mi libro, y mi móvil estaba sin bateria y debía llamar a mi madre al llegar.
- Clea – susurro – Clea despierta – la cojo por los hombros y empiezo a sacudirla.
- Mamá que te he dicho que no, que no voy a ir contigo a comprar.
- Clea despierta, que estamos aterrizando, hemos llegado.
Le doy un ligero guantazo en la cara, y entonces sus ojos se abren de par en par, y se lleva la mano a la mejilla.
- ¡Hija de la gran...
 - ¡Clea que hemos llegado idiota! - la corto.
Empieza a mirar a su alrededor, la gente está desabrochando sus cinturones y salen poco a poco del avión con sus maletas a cuestas.
Se incorpora, despierta del todo, y coge su pequeño equipaje. La imito y salimos del avión.
Empiezo a andar, mientras miro a todos lados, buscándolo. 'mierda, ¿quién me mando no ponerme las gafas?'. Cierro los ojos un poco para poder ver mejor. Nada, ni rastro del rizos.
- Hola guapa – me giro y veo a un tipo con gafas de sol y una gorra.
El chico se inclina hacia mi, para darme un beso, pero mi mano impacta en su mejilla. Bajo la mano, que pica, intento que no note que me he echo daño, escondiendo la mano tras el vestido.
- Eres un gilipollas.
- Y por lo visto sería un agente secreto buenísimo – sonríe y baja un poco las gafas, y entonces lo reconozco, reconozco sus ojos verdosos, con un tono grisáceo, sus labios carnosos y rosados, sus dientes blancos y perfectamente alineados, formando esa sonrisa que me hace sonrojarme.
- Harr...
Pero sus labios seguidos de su lengua me impiden terminar de pronunciar sus nombre. Sus manos aprietan ambos lados de mi cara, y sus labios están junto a los mios, fundiéndose en un dulce beso, un beso que llevo esperando demasiado tiempo, un beso que me parece irreal. Cierro los ojos, cierro los ojos y lo sigo viendo a él, a través de mis párpados.
Entonces se retira, y lentamente abro los ojos, con la boca aún entreabierta, sin ningún atisbo de pintalabios en ella. Sonríe, Harry sonríe y me mira, con sus grandes ojos.
- Hola preciosa.
Y me da un ligero beso en los labios, me coge de la mano, entrelazando sus dedos con los mios, y coge mi maleta con la mano que le queda libre. Echamos a andar, fuera del aeropuerto. Escondo mi mano en la espalda y sin que nadie se de cuenta, me pellizco, todo aquello, es real.

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