~ Lorena ~
Estoy sentada junto a un
señor mayor, con unas grandes gafas antiguas, que hacen que sus
ojos se vean terriblemente inmensos tras los gruesos cristales. Su
boca se mueve mientras lee la página del periódico, ensimismado,
sin darse cuenta de que lo observo. Tengo las piernas cruzadas, y mis
dedos tamborilean sobre la piel desnuda de mis muslos. Llevo un
vestido de un tono coral, de manga corta ancha, con un bonito escote;
se aprieta en la cintura con un cinturón fino trenzado de color
marrón chocolate y cae suelto hasta la mitad del muslo. El pelo me
cae en una trenza sobre el hombro.
- ¿Por qué te has
arreglado tanto? - miro hacia arriba y veo a Clea.
Ella viste unos pantalones
cortos vaqueros con hilachos sueltos, los bolsillos sobre salen de
ellos, con un estampado de calaveras oscuras. Lleva una camiseta
blanca ancha, de tirante ancho y sin escote alguno, con un rayo en
plateado en todo su centro.
- Me apetecía ponerme un
vestido, solo eso.
- ¿Y también te apetecía
ir a la peluquería para que te hicieran un extraordinario peinado
que combinara con tu increíble maquillaje? - me sonrojo- ¿Me lo
cuentas o te lo saco ala fuerza?
- Harry viene a recogernos
al aeropuerto. - digo con una débil voz.
- Zayn también – sonríe
ampliamente.
En ese momento avisan de que
nuestro vuelo saldrá en unos minutos, cogemos las maletas y todo lo
correspondiente y nos vamos hacia el avión, rumbo a Londres.
~ Nerea ~
Me despierto. El pulso está acelerado, muy acelerado. Tengo todo el cuerpo empapado en sudor, pero estamos en otoño, la temperatura exterior es fría. Me duelen las palmas de las manos y al inspeccionarlas me doy cuenta de que se me han quedado engarrotadas por haber estado tanto tiempo con los puños apretados. Me incorporo lentamente, y suelto el aire retenido. Empiezo a respirar trabajosamente, mi mente aún sigue en la pesadilla. Me llevo la mano al pecho, y noto que mi corazón está acelerado, el miedo aún sigue en mi cuerpo. Muevo la cabeza, pero lo único que consigo es marearme. Me levanto de la cama y, a trompicones llego al baño. Me echo agua fría en la cara. Me miro al espejo. Tengo la cara terriblemente pálida, y se nota el miedo aún latente en mi cuerpo. También hay unas pequeñas ojeras bajo mis ojos, de cansancio.
Vuelvo a la cama y me siento, con la espalda apoyada en el cojín.
Mañana hay instituto, y son las cuatro de la mañana. Mi mente se bloquea en la palabra instituto, y mi cuerpo empieza a temblar ligeramente.
Me agarro los codos, como si quisiera abrazarme a mi misma.
‘Tranquila’ susurra mi cabeza ‘no va a pasar nada, no pueden contigo, eres fuerte, no pueden hundirte’.
Pero no sirve, mi cuerpo sigue temblando. Nada sirve para sofocar el miedo al tener que enfrentarme un día más a insultos, a miradas de asco, a pintadas en las paredes. Me miro la pierna, un moratón reluce a la altura del muslo. Enfrentarme a empujones.
Me tumbo en la cama, de cara a los posters de la pared. Cierro los ojos, y mi mente empieza a recordar aquel día en que los conocí. Poco a poco, dejo de temblar, mi pulso vuelve a la normalidad, y vuelvo a sentir el frío del otoño pegado a mi piel, mientras una sonrisa se pinta en mi cara, y el sueño se hace dueño de mi cuerpo.
Me despierto. El pulso está acelerado, muy acelerado. Tengo todo el cuerpo empapado en sudor, pero estamos en otoño, la temperatura exterior es fría. Me duelen las palmas de las manos y al inspeccionarlas me doy cuenta de que se me han quedado engarrotadas por haber estado tanto tiempo con los puños apretados. Me incorporo lentamente, y suelto el aire retenido. Empiezo a respirar trabajosamente, mi mente aún sigue en la pesadilla. Me llevo la mano al pecho, y noto que mi corazón está acelerado, el miedo aún sigue en mi cuerpo. Muevo la cabeza, pero lo único que consigo es marearme. Me levanto de la cama y, a trompicones llego al baño. Me echo agua fría en la cara. Me miro al espejo. Tengo la cara terriblemente pálida, y se nota el miedo aún latente en mi cuerpo. También hay unas pequeñas ojeras bajo mis ojos, de cansancio.
Vuelvo a la cama y me siento, con la espalda apoyada en el cojín.
Mañana hay instituto, y son las cuatro de la mañana. Mi mente se bloquea en la palabra instituto, y mi cuerpo empieza a temblar ligeramente.
Me agarro los codos, como si quisiera abrazarme a mi misma.
‘Tranquila’ susurra mi cabeza ‘no va a pasar nada, no pueden contigo, eres fuerte, no pueden hundirte’.
Pero no sirve, mi cuerpo sigue temblando. Nada sirve para sofocar el miedo al tener que enfrentarme un día más a insultos, a miradas de asco, a pintadas en las paredes. Me miro la pierna, un moratón reluce a la altura del muslo. Enfrentarme a empujones.
Me tumbo en la cama, de cara a los posters de la pared. Cierro los ojos, y mi mente empieza a recordar aquel día en que los conocí. Poco a poco, dejo de temblar, mi pulso vuelve a la normalidad, y vuelvo a sentir el frío del otoño pegado a mi piel, mientras una sonrisa se pinta en mi cara, y el sueño se hace dueño de mi cuerpo.
~ Harry Styles ~
Conduzco rápido, me gusta la
rapidez, me gusta el sentimiento de libertad. Oigo los pitidos del
claxon de algún que otro coche, algún que otro insulto, pero sigo a
mi velocidad, cambiando de carril para adelantar, acelerando en
semáforos que amenazan con ponerse en rojo.
- ¡Estúpido que nos vas
a matar!
- Tranquilízate, conduzco
a menudo, y mírame, sigo vivo.
- Eso es lo que me
extraña.
Aminoro la velocidad, y Zayn se
relaja, su tensión desaparece ligeramente y vuelve a mirar por la
ventanilla, aflojando la mano que agarra la puerta. Pero entonces
pego otro acelerón para escapar a un semáforo y freno de pronto ante
un paso de peatones antes de arrollar a una mujer que pasa presurosa,
enviándome una mirada de odio a través del cristal de sus gafas.
- ¡Gilipollas! - grita
Zayn mientras se recoloca en el asiento, al parecer había salido
disparado al frente en el frenazo.
Sonrío mirando aún al
frente, giro a la derecha y hago otro giro brusco para aparcar el
coche.
Miro a Zayn, que clava sus
ojos llenos de furia en mi, yo me encojo de hombros y sonrío.
- ¡Hemos llegado!
- Haré que te retiren el
permiso maldito Styles del demonio.
Me río y salgo del coche. Me
estiro y doy una bocanada de aire que inunda mis pulmones.
Cierro la puerta del coche,
y, sin esperar a Zayn, empiezo a andar hacia el aeropuerto.
Hace un buen día para estar
a mediados de otoño. Cojo la chaqueta y escondo la cara en ella para
que el aire frío no me de en la cara. Hace mucho aire, pero el sol
brilla en el cielo, aunque no aporta ni una chispa de calor.
Llego al aeropuerto, por
suerte no hay demasiada gente, y la chaqueta me cubre la cara, las
gafas de sol no dejan ver mis ojos y me he recogido el pelo, y puesto
una gran gorra, que hace que parezca que mi pelo es corto. Una mano
se apoya en mi hombro, y me doy la vuelta lentamente, con miedo a que
alguien me haya reconocido.
Veo a Zayn, también
intentando ocultar la cara como puede, y suspiro aliviado.
- ¿A que hora llegaba el
vuelo?
Miro el reloj,
distraídamente.
- A las nueve, son las
nueve menos cinco.
Me encojo de hombros y
empiezo a andar hacia el fondo del aeropuerto. Llego a las sillas y
me siento, comprobando el reloj.
Una voz masculina algo
chillona, anuncia que un vuelo va a aterrizar, me levanto corriendo
de la silla y busco a Zayn con la mirada, pero no lo encuentro y sin
él me voy a recibir a las chicas, a Lorena.
~ Lorena ~
El avión aterriza. El vuelo
se me ha hecho eterno, no podía conciliar el sueño, y tampoco podía
concentrarme en mi libro, y mi móvil estaba sin bateria y debía
llamar a mi madre al llegar.
- Clea – susurro –
Clea despierta – la cojo por los hombros y empiezo a sacudirla.
- Mamá que te he dicho
que no, que no voy a ir contigo a comprar.
- Clea despierta, que
estamos aterrizando, hemos llegado.
Le doy un ligero guantazo en
la cara, y entonces sus ojos se abren de par en par, y se lleva la
mano a la mejilla.
- ¡Hija de la gran...
- ¡Clea que hemos llegado
idiota! - la corto.
Empieza a mirar a su
alrededor, la gente está desabrochando sus cinturones y salen poco a
poco del avión con sus maletas a cuestas.
Se incorpora, despierta del
todo, y coge su pequeño equipaje. La imito y salimos del avión.
Empiezo a andar, mientras
miro a todos lados, buscándolo. 'mierda, ¿quién me mando no
ponerme las gafas?'. Cierro los ojos un poco para poder ver mejor.
Nada, ni rastro del rizos.
- Hola guapa – me giro y
veo a un tipo con gafas de sol y una gorra.
El chico se inclina hacia mi,
para darme un beso, pero mi mano impacta en su mejilla. Bajo la mano,
que pica, intento que no note que me he echo daño, escondiendo la
mano tras el vestido.
- Eres un gilipollas.
- Y por lo visto sería un
agente secreto buenísimo – sonríe y baja un poco las gafas, y
entonces lo reconozco, reconozco sus ojos verdosos, con un tono
grisáceo, sus labios carnosos y rosados, sus dientes blancos y
perfectamente alineados, formando esa sonrisa que me hace
sonrojarme.
- Harr...
Pero sus labios seguidos de
su lengua me impiden terminar de pronunciar sus nombre. Sus manos
aprietan ambos lados de mi cara, y sus labios están junto a los
mios, fundiéndose en un dulce beso, un beso que llevo esperando
demasiado tiempo, un beso que me parece irreal. Cierro los ojos,
cierro los ojos y lo sigo viendo a él, a través de mis párpados.
Entonces se retira, y
lentamente abro los ojos, con la boca aún entreabierta, sin ningún
atisbo de pintalabios en ella. Sonríe, Harry sonríe y me mira, con
sus grandes ojos.
- Hola preciosa.
Y me da un ligero beso en los
labios, me coge de la mano, entrelazando sus dedos con los mios, y
coge mi maleta con la mano que le queda libre. Echamos a andar, fuera
del aeropuerto. Escondo mi mano en la espalda y sin que nadie se de
cuenta, me pellizco, todo aquello, es real.
me gusta sigue !!!!
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