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miércoles, 11 de abril de 2012

Capítulo 4

Volvemos al hotel, agotadas, son las dos de la mañana. Dejo a Clea en su habitación y me voy a la mía. Entro al baño, me desmaquillo, recojo mi pelo, me lavo los dientes, me desnudo y me meto en la cama vestida únicamente con la ropa interior. Entra una suave brisa por la ventana, y necesito echarme la fina sábana de la cama encima, porque mi piel se eriza. Doy vueltas y vueltas en la cama, no puedo dormir, me tumbo boca arriba, mirando al techo, con la tenue luz de las farolas de la calle, una sonrisa idiota y avergonzada se dibuja en mi cara al acordarme de la reacción de ésta mañana, me ruborizo, pensando en la imagen de loca que he dado, pero, él es famoso, no nos volveremos a ver, no se va a acordar de mi, no existo en su mundo, cierro los ojos, y al fin, duermo.
La luz del sol entra, directa a mis ojos, por la ventana, me estiro en la cama y vuelvo a sonreír. Llaman a la puerta.
- Buenos días - entra gritando.
- Clea, ¿qué haces aquí?
- Son las  doce de la mañana, y necesito salir de mi habitación ya.
- Pues sal.
- Pero quiero que vengas conmigo - se acerca y hace pucheros.
- No, estoy cansada.
- Por favor - dice sonriendo, enseñando excesivamente sus perfectos dientes blancos.
Aparto mi cara de recién levantada, aguantando la risa, intentando ser más seria.
- Está bien, pero espera que me arregle un poco.
- Te doy diez minutos.
- Sí.
Sale de la habitación, cerrando la puerta, saco la maleta y me visto, unos pantalones cortos verdes y una camiseta de manga corta blanca con topos verdes, mis Vans negras y listo. 
Mi amiga me espera a la puerta del hotel.
- No me has dejado desayunar.
- Vamos a un Starbucks, hay uno aquí al lado.
Me coge del brazo y tira de mi un poco para que empiece a caminar, después de unos minutos, llegamos al Starbucks, desayuno, y volvemos a salir de él.
- ¿Dónde quieres ir?
- No sé, ¿nos vamos de compras?
- Está bien - sonrío y me pongo mis Ray-Ban 
Entramos en mil tiendas, Clea se prueba toda la ropa de cada una, pero nada la convence y sale tal y como ha entrado, vacía, y entramos a otra.
- Le tenemos que comprar algo a Andrés, o se enfadará con nosotras.
- ¡Ostia, Andrés! ¡Me he olvidado, tenía que llamarlo!
- ¿Para?
- Darle envidia.
Río, Clea sale del probador, con un bonito vestido crema, está preciosa. Da unas cuantas vueltas y asiente, vuelve a entrar en el probador y sale al minuto, paga el vestido y ya estamos fuera de otra tienda.
Clea decide que no quiere mirar más tiendas en aquel centro comercial, prefiere entrar en las pequeñas tiendas de calle, ahora quiere comprar accesorios para el bonito vestido.
Nos perdemos en largas y deshabitadas calles de Londres, hasta que, en una pequeña calle, vemos un precioso collar en el escaparate, entramos.
Yo me pongo a mirar los bonitos colgantes, pendientes a juego, sencillas pulseras, grandes anillos, mientras mi amiga pide al recepcionista que le enseñe varios modelos.
Me paro frente a un colgar que llama la atención, es de cuero, y de él cuelga un trébol de plata, con tres hojitas, sonrío, y lo cojo en mis manos, encima de éste, se encuentran los pendientes a juego, y una bonita pulsera también, vuelvo a sentirme observada, y giro la cabeza lentamente. Recuerdo la huida del día anterior, y ahora pienso lo mismo, mi cara debe de estar roja, y de nuevo mi voz no sale y oigo los latidos de mi corazón a toda pastilla. El collar cae de mis manos, y entonces reacciono, me agacho e intento recoger el colgante, pero sus manos tocan las mías, aún temblorosas, levanto el rostro, y noto sus ojos en los míos, que miran su bonita y dulce sonrisa, me levanto, y me acerco al mostrador, en busca de mi amiga, la cual no se ha dado cuenta de que él a entrado en la pequeña tienda, toco su espalda, para llamar su atención ya que mis palabras siguen sin salir, y Clea, al girar su cabeza, se queda estupefacta, con la boca demasiado abierta, y lágrimas apunto de salir de sus preciosos ojos. Él nos mira, ríe, seguro de nuestra reacción, y noto que me pongo más roja todavía, se acerca lentamente, con el colgante en la mano. Lo deja en el mostrador, lo paga y se vuelve hacia nosotras. Miro a Clea, ella sonríe, mientras sorbe por la nariz, y sus lágrimas mojan sus mejillas, él la mira, con sus preciosos ojos marrones, y sin decir nada, la abraza, Clea reacciona a los segundos, y corresponde a su abrazo, llorando aún más, y diciendo cosas ininteligibles, él sonríe, aunque me temo que tampoco sabe que está diciendo Clea. Se separan, él se vuelve hacía mi, todavía sigo paralizada por la vergüenza, pero me sonríe amable.
- Espero que no te importe que me lleve el colgante.
Niego con la cabeza.
- Gracias - interrumpe Clea, aún con lágrimas saliendo de sus ojos.
- ¿Por? No he conseguido que dejes de llorar - se encoje de hombros.
Clea sonríe - Por favor, ¿me firmas y te haces una foto conmigo?
- Solo si tu dejas de llorar - mi amiga asiente, y se controla las lágrimas.
Él firma en un pequeño cuaderno que saca de su gran bolso marrón, después, me mira a mi de nuevo.
-¿Quieres otro?
- Si - apenas son audibles las dos letras, pero asiento a la vez, para que lo entienda.
Rebusco en mi bolsa, pero solo está mi cuaderno de dibujos, se lo doy y él busca una página libre donde firmar, escribe algo, y me lo da. Clea espera con su cámara de fotos en la mano, se la tiende a él, ya que ella tiembla demasiado, se hacen una foto, después una de los tres, y por último, yo con él, le devuelve la cámara a Clea y se despide de nosotras.
Cuando desaparece de nuestras vistas, nos miramos, y sonreímos, abro mi libreta y busco la página en la que él ha firmado. " Para esta bonita artista. con cariño, Zayn" Me lo llevo al pecho, lo aprieto con fuerza, y noto las lágrimas salir de mis ojos.

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