Seguidores

viernes, 13 de abril de 2012

Capítulo 6

"Sabía que algo olvidaba, no os pedí vuestros numeros. xx" Lo leo y releo y lo vuelvo a leer, no puedo creerlo, simplemente puedo sonreír como una idiota y volver a leer.
Clea está a mi lado, tan emocionada como yo, pasan los minutos y no nos damos cuenta de que ha llegado la hora de cenar hasta que mis tripas empiezan a rugir. Bajamos al restaurante del hotel y cenamos, aún emocionadas. Tras una hora, terminamos de cenar, y volvemos a nuestras habitaciones, esta noche no saldremos, hemos quedado en madrugar a la mañana siguiente para ir a hacer ejercicio y tenemos que acostarnos temprano. 
Me doy una ducha rápida, me pongo la ropa interior y me meto en la cama, tapándome con las finas sábanas que siguen con el olor a lavanda, no tardo en dormirme.
Unos golpes me despiertan, miro mi reloj que está en la mesilla de noche, las tres de la madrigada, me froto los ojos y me estiro en la cama. Clea está en pijama corto, y entra con su portátil en las manos.
- ¿Qué mierda haces despierta a las tres de la madrugada? y ¿qué mierda haces despertándome a las tres de la mañana? 
Ella hace caso omiso, se sienta en mi cama deshecha con sus piernas cruzadas y el portátil sobre ellas, me hace un gesto con la mano para que me acerque y le hago caso, ya que su cara rebosa felicidad, hasta sus ojos parecen lacrimosos. Me siento a su lado y miro donde su dedo señala, pero tardo unos minutos en reaccionar debido al sueño. Abro los ojos y miro a mi amiga, que da palmas mientras se agita, emocionada.
- Se anularon nuestros planes para mañana - digo mientras miro la pantalla, aún incrédula.
Mi amiga me mira muy seriamente, y triste.
-¿Qué pasa?
-Esto es demasiado perfecto para ser verdad Nerea, tengo miedo a que no lo sea, a que este perfecto sueño que estamos viviendo, no sea más que eso, un perfecto sueño.
La miro, yo también estoy asustada, llevamos solo dos días en territorio británico y han pasado demasiadas cosas soñadas, pero, no, solamente hemos tenido mucha más suerte que otras, nos ha tocado a nosotras, y me niego a no saborear mi suerte por miedo a que sea un sueño.
- Pues es verdad Clea, tan verdad como que el cielo es azul y tu camiseta de pijama verde.
Ella sonríe, y me da un tierno abrazo, el que yo correspondo. 
- Es hora de que la suerte esté de nuestra parte ¿no? - dice en mi oído, sonrío.
- Y que se quede por mucho tiempo - respondo, cerrando mis ojos, y abrazándola más fuerte.


Salimos del hotel, agarradas por el brazo, nos miramos las dos de arriba a bajo, asentimos sonrientes y empezamos a caminar firmemente. Tenemos suerte y paramos un taxi libre, indicamos la dirección y nos ponemos en camino. 
Llegamos al sitio indicado, pero no vemos a nadie esperándonos, nos apoyamos en la pared y decidimos esperar un poco. 
- Voy a por alguna chuchería, tengo mono.
- Está bien, cómprame algo.
Le doy dinero y ella se aleja, yo me quedo en aquella pared, esperando a que aparezca. En un momento me quedo embobada con algún punto en la calle de enfrente, hasta que me doy cuenta de que alguien me mira fijamente. Vuelvo en mi, y lo primero que veo son unos labios sonrientes y un cuello con mi colgante, pero no es el mismo chico que lo compró, no es el mismo chico que nos invitó a comer ayer, no es él. Mi corazón se acelera y mi cuerpo se mueve sin que a mi me de tiempo a reaccionar, mis pies empiezan a andar en dirección contraria al chico, pero algo agarra mi brazo, lo suficientemente fuerte como para no permitirme marchar, me giro y encuentro su cara a milímetros de la mía, me siento inmóvil, muda de nuevo, pero oigo su dulce voz.
- Esta vez no de vas a escapar tan fácilmente.
 Me quedo embobada con sus claros ojos, sus labios besables,  su sonrisa encantadora, pero no puedo hablar, reaccionar, algo me lo impide, y noto que mi corazón saldrá de mi pecho de un momento a otro. Entonces me doy cuenta de que él ya no sujeta mi brazo, que podría irme de allí como la mañana en que salí a correr, pero no lo hago, siento la necesidad de quedarme allí, con él, esperando a mi mejor amiga, entonces, algo en mi reacciona y giro mi cabeza en la dirección en que mi amiga desapareció hará un cuarto de hora, y la encuentro allí, parada en mitad de la calle, con la boca muy abierta, sonrío y hago un simple gesto que ella entiende. Llega junto a nosotros y veo su cara tono rojizo, entonces caigo en que mi cara debe parecer un tomate ya bien maduro.
Miro de nuevo al chico que sonríe hacía nosotras, y agacho mi cabeza al encontrar su mirada azul, y en ese momento me doy cuenta de que pasaré tres veces más por este bloqueo esta  mañana.


No hay comentarios:

Publicar un comentario